NUNCA DORMIR
Las puertas se abrieron
inspirando a mis partes
más sombrías
a coquetear
con tus tentaciones.
Soñarte me trajo a esta penumbra
donde probé la viscosidad
de tu baya oscura.
Fue una realidad sublime
que se convirtió en
infausta pesadilla.
Desde ese momento
he comenzado
a eliminar con desprecio
los recuerdos
que sólo se disparan
en la suficiencia de la rendición.
Hoy mi libertad
es tu insuficiencia,
ya no hay lugar para vos;
ni siquiera para el compañerismo
apático de tu hombro frio,
ni para la emoción ahogada
de un embudo de nubes
poblada de demonios huérfanos
que nunca duermen
aunque cierren sus ojos.
Por ahora sólo quiero
dejar este caos,
tenderlo para que lo seque
la tormenta que ruge
desde el fondo de mi mente.
Hasta que algún día nos volvamos a ver,
hablemos de los viejos tiempos
y de cómo echo de menos
tu sonrisa enferma,
sarcástica y amarga.
Nos hemos quisimos hasta rompernos
nos quisimos hasta matarnos,
todo era sencillo
y lo hicimos complicado.