MARRUECOS
Marché con cautela por caminos ocultos
hasta que el cenit africano me atrapó
en Marrakech.
Vagaba perdido, sin rumbo
y El Souq me subyugó
vasto,estridente y exótico.
Mercado morisco.
Parangona a un circo urbano,
atestado de áspides y cobras,
que proponen venenos fastuosos
dueños de la locura y de la muerte.
Es presidio de simios saltimbanquis,
esclavos condenados a
vivir fuera de su orden
natural.
Un singular escenario donde
coexisten mercaderes
de especias y baratijas,
junto con prostitutas
de senos matriarcales
que sobre la vieja Koudiat
comercian su sexo
sombrío, hediondo y traicionero.
Me detengo ahora
ante la exigencia de una tregua
en mi periplo.
Súbitamente jóvenes "serveurs"
me envuelven en dialectos misteriosos
y me acercan fantásticas
tisanas de hierbas salvajes.
Me llevan a alucinaciones deslumbrantes
y abro puertas que me abstraen
del presente que me agobia.
Allí quiero quedarme,
sensible y suspendido en el tiempo.
Vuelvo a respirar, vuelvo a la realidad.
Golpeado entre los ojos
desando el camino a Casablanca,
El día se ha desmoronado.
Las llamas del petróleo iluminan la noche
del Magreb.
Consumo kilómetros,
y la música me trae
los “ Libros de la Buena Memoria”.
Mi cuerpo está aquí, agotado.
En cambio mi mente
estará extraviada
hasta que llegue el momento de
acecharte nuevamente.